¿Se viene una recesión? Una curva (peligrosa) ya nos lo advirtió

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Ciudad de México.- Ese evento exótico para la mayoría de los mortales, puede tener repercusiones muy importantes para la economía de muchos países, señaladamente para México, pues históricamente una inversión de la curva ha sido sucedida por una recesión económica en los Estados Unidos.

Hace una década, en el año 2007, ocurrió lo mismo: la curva de plazos se invirtió, y cerca de seis u ocho meses después, la economía de Estados Unidos entraba en la peor recesión económica de la época moderna.

Lo mismo ha ocurrido en las últimas siete recesiones estadunidenses: cada vez que la curva se ha invertido ha sido sucedida por una recesión, y cada recesión que se ha presentado, ha sido precedida por una inversión de la curva de plazos.

El poder predictivo que tiene entonces la pendiente de la curva de plazos es asombroso. Y misterioso. Los economistas no aciertan a responder con certeza por qué dicha regularidad ocurre.

Hay hipótesis al respecto, pero nada firma respecto de la relación causa-efecto entre pendiente de la curva y la recesión económica. Debido a la importancia que pudiera revestir dicho evento, dedicaremos un espacio de esta nota a ensayar una ilustración del fenómeno para el público en general. Empecemos por entender qué es la curva de plazos.

Esta figura es la gráfica sencilla que relaciona la tasa de rendimiento de los bonos de deuda estadunidense, con el plazo de dichos bonos: a cada plazo le corresponde un rendimiento, y el dibujo que forman esos puntos es lo que llamamos la curva de plazos (o curva de rendimientos).

En situaciones normales, de crecimiento económico sostenido e inflación moderada, la forma de dicha curva es ascendente: a mayor plazo, mayor rendimiento que los inversionistas exigen para invertir en bonos.

La explicación es relativamente sencilla: los inversionistas requieren mayor rendimiento a mayor plazo para proteger a sus ahorros de la erosión que representa la inflación sobre el poder adquisitivo de sus ahorros.

Cien pesos hoy no nos compran lo mismo que cien pesos en diez años, así que para preservar ese poder de compra, los inversionistas piden más tasa conforme mayor sea el plazo. Pero en ocasiones contadas (siete veces en los últimos setenta años), dicha forma normal de la curva de plazos se rompe y la curva se invierte: los inversionistas piden una tasa mayor para el corto plazo que para el largo plazo.

El rendimiento que piden los inversionistas para protegerse de la inflación de corto plazo es mayor que el que solicitan para protegerse de la inversión de largo plazo, y eso provoca que la curva se invierta, que tenga una pendiente descendente. Eso es justo lo que pasó poco después del mediodía del 3 de diciembre: la tasa de tres años superó a la tasa de cinco años en los Estados Unidos, provocando la primera inversión en una parte de la curva de plazos por primera vez en cerca de once años. Nada hay establecido.

No existe ninguna ley al respecto. Ninguna teoría sólida ni modelo para explicarlo, pero la inversión entre los plazos más cortos de la curva suelen ser los primeros pasos, y precede a la inversión de la curva completa.

Es cuando sucede entre los rendimientos de los plazos de dos y diez años cuando decimos que la curva se invierte, y algunos meses después, así ha sido en las últimas siete ocasiones, sobreviene una recesión económica.

Al siguiente día de la inversión de la parte corta de la curva, los mercados financieros reaccionaron con vehemencia: el Dow Jones se despeñó más de 800 puntos en la sesión, y el Nasdaq se hundió casi el cuatro por ciento, con las acciones de bancos y financieras, así como tecnológicas, liderando las caídas. Las acciones bancarias en particular cayeron al unísono, todas cercanas al cuatro por ciento, enviando una señal al mercado que vale la pena intentar descifrar.

Que las primeras acciones que reaccionen a la inversión de la curva sean las bancarias es sintomático, porque una de las hipótesis de causalidad entre inversión de la curva y la recesión pasa justamente por el sector bancario. Los bancos son un negocio peculiar: piden prestado para prestar. Pueden pedir prestado a sus ahorradores, usando sus saldos para convertirlos en créditos, o pueden ir al mercado y emitir bonos para usar esos recursos y prestarlos.

Los bancos viven de un arbitraje particular. Como en condiciones normales la curva de plazos es ascendente, los bancos emprestan a corto plazo y prestan a largo plazo, lo que les reporta una ganancia causada por la pendiente positiva de la curva: al emprestar a las tasas bajas de corto plazo y prestar a las tasas altas de largo plazo, su ganancia es justo la pendiente positiva de la curva. Pero cuando la curva se invierte la magia desaparece para los bancos, pues no es rentable emprestar a una tasa alta de corto plazo y prestar a una tasa baja de largo plazo.

La pendiente invertida, descendente de la curva, inmediatamente desincentiva a los bancos a extender nuevos créditos. La pendiente de la curva, que era su ganancia, se convertiría en su pérdida. Una curva invertida esfuma los incentivos para que los bancos presten. Y en una economía como la estadunidense, en donde el crédito del sector financiero al sector privado representa en torno a 160% del Producto Interno Bruto (PIB), si el crédito se detiene, la economía se detiene, sobreviniendo la recesión.

En México, por ejemplo, en donde la relación crédito/PIB no supera el 50 por ciento, la inversión de la curva no causa el mismo efecto que en Estados Unidos y no tiene por lo tanto el poder predictivo que la curva de nuestros vecinos.

La hipótesis de que la inversión de la curva desincentiva los nuevos créditos bancarios, provocando una contracción crediticia que eventualmente lleva a la recesión es una de las hipótesis más sencillas y más socorridas para explicar el raro poder predictivo del ciclo económico que tiene ese misterioso instrumento que es la curva de plazos.

Quizá sea ésa la razón por la cual las acciones bancarias se hundieron las primeras y al unísono el día después de la inversión de una parte de la curva. Lo que sigue de aquí en adelante son puras preguntas. Y de cómo se vayan resolviendo dependerán muchas cosas para los próximos meses, así que es muy importante que todos, inversionistas o no, incluyendo el gobernador del Banco de México, Alejandro Díaz de León, y la Secretaría de Hacienda, estemos muy atentos a lo que ocurra en los mercados.

Algunas de las preguntas son las siguientes: ¿se seguirán invirtiendo otros segmentos de la curva, en particular entre los plazos de dos y diez años? Tal y como ha ocurrido en todas las últimas décadas, ¿a la inversión le seguirá una recesión? ¿Los mercados bursátiles, como ha ocurrido también, tendrán una caída severa?

La inversión de la curva no permite, en su caso, medir la magnitud de la potencial recesión, y por lo tanto ¿de qué intensidad y duración sería la misma? La nueva administración en México deberá en su caso estar atenta a este nuevo factor de riesgo que se dibuja en el horizonte. No únicamente los precios de la energía se han desplomado en las últimas tres semanas, sino que un síntoma que suele preceder a la recesión estadunidense se delinea en el tablero.

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Escrito por en 6 diciembre, 2018. Archivado en Altavoz a la Hora,Nacional,Portada. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. You can leave a response or trackback to this entry

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